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Bones, la muerte y el trabajo en equipo
Desde el comienzo, Bones pasó desapercibida. En 2005, cuando fue lanzada al aire, era una serie de crimen más entre todos los CSI’s y derivados. Pero, con el tiempo, la silenciosa cruzada de este grupo de “squints” (término utilizado para identificar a un genio intelectual socialmente torpe) fue ganando adeptos hasta convertirse en una serie de culto.

Bones tiene dos protagonistas establecidos: la exitosa antropóloga forense, Temperance Brennan (también conocida como Bones), y Seely Booth, un agente especial del FBI. Ambos investigan las apariciones de restos humanos que requieren de cuidado especial debido a sus deterioradas condiciones. Los rodea un grupo de personajes secundarios elegidos “con pinza”, que varían desde el aprendiz excéntrico de Brennan, hasta una abogada irreverente que da nueva luz a una de las profesiones más antiguas del mundo.
A diferencia de otras series donde los personajes secundarios sólo están para acomodar las historias principales, este grupo de personas se hace tan indispensable como los protagonistas, logrando formar un elenco donde todos se hacen necesarios. Y es en este punto donde me detengo para destacar la mayor fortaleza de esta serie: el fuerte énfasis que hace en el trabajo en equipo. En un mundo donde el individualismo es enaltecido, es refrescante ver a un grupo de personas con diferentes capacidades trabajando juntos por un fin común. La inteligencia de algunos, los instintos de otros y el conocimiento de la naturaleza humana son claves para descubrir la verdad al final de cada capítulo. La verdadera belleza de Bones radica en la dinámica de sus personajes como un todo, un equipo.
Paralelamente, el aspecto negativo es que, por tratarse de una serie policial que lidia con restos humanos, las escenas de los cuerpos a veces son demasiado gráficas y grotescas, especialmente para los de estómago delicado, lo cual sería su único gran pecado. No abunda la violencia, y, cuando la hay, ésta tiene un contexto. Si hablamos de sexo, las referencias son escasas y casi siempre en diálogos o escenas que dan a entender que algo ocurrió, pero nunca imágenes gráficas. Sí hay temáticas que vale la pena conversar con los hijos para ponerlas en contexto, como el hijo fuera del matrimonio de uno de los protagonistas o la adicción al jugo que en su juventud afectó a uno de los personajes.
Pero la realidad del asunto es la siguiente: Bones hace que los niños quieran ser más inteligentes, porque ser un nerd ya no está pasado de moda. Y de forma intangible, fortalece este deseo con un recordatorio constante de que un equipo es más que sólo la suma de sus partes, y que todos, desde nuestras fortalezas, tenemos algo que aportar.
La recomendación es disfrutar esta serie junto a los hijos y aprovechar las conversaciones que, sin duda, surgirán de alguno de sus capítulos como una oportunidad de guiarlos en la dirección correcta respecto a temas morales y familiares. Eso sí, no la recomiendo para niños que aún no entienden lo que es la muerte.
Sólo como postdata vale la pena destacar el bono de la serie: el legendario Ryan O´Neal, quien hace apariciones esporádicas como el padre criminal, pero absolutamente adorable, de Brennan.

Por María Angélica Kaltwasser
Periodista, Colaboradora de Fundación Queveo
Marketing Communications Manager, Dimension Data Chile
Twitter: @pelukaltwasser
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